Ningún acuerdo comercial UE-EE.UU. a expensas del clima, la democracia y la soberanía
Es con gran preocupación y creciente indignación que estamos siguiendo los planes actuales para la implementación del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el gobierno de Donald Trump. Un primer paso en esta aplicación es la aprobación prevista por parte de las instituciones de la UE de los acuerdos aduaneros con los Estados Unidos, sin vincularlos a normas medioambientales y sociales sancionadas. Deben seguirse otros pasos. Pero las concesiones de la UE amenazan con convertirse en un error histórico: para el clima, para la transición energética, para los procesos democráticos y para la independencia estratégica de Europa.
La UE no debería estar de acuerdo con un acuerdo que se presenta bajo el disfraz de una guerra comercial y debe considerarse como un chantaje. En su lugar, la atención debe centrarse ahora en la construcción de una Europa resiliente que configure democráticamente su suministro de energía, sus infraestructuras digitales, su sistema alimentario y su seguridad social. La política comercial europea debe subordinarse a estos objetivos y, al mismo tiempo, asumir la responsabilidad de la protección del clima mundial y el respeto de los derechos humanos.
Son especialmente preocupantes los elementos del acuerdo comercial en el que la UE se compromete a comprar enormes cantidades de energía fósil a los Estados Unidos. Durante tres años, importará 750.000 millones de dólares en energía fósil, incluyendo gas de fracking, petróleo y tecnologías nucleares.
Tal acuerdo uniría a Europa a la energía fósil en los próximos años y ralentizaría la tan necesaria transición energética. Las inversiones de miles de millones de dólares en importaciones e infraestructuras de GNL crean compromisos a largo plazo y efectos de bloqueo que retrasan el despliegue de las energías renovables, hacen que Europa sea dependiente y aumentan aún más los precios de la energía.
Está claro que el futuro de Europa no radica en nuevas importaciones de combustibles fósiles, sino en la rápida expansión de las energías renovables, la eficiencia energética y una economía resiliente y climáticamente neutra.
Nuevas dependencias de un socio poco fiable
Los acuerdos planeados también amenazan con volver a poner a Europa en dependencia energética, esta vez de los Estados Unidos. Ya hoy, gran parte de las importaciones de GNL de los países europeos provienen de los Estados Unidos. Un nuevo aumento de estas importaciones haría a Europa irresponsablemente vulnerable. Las lecciones de la dependencia fósil de Rusia deberían ser una advertencia suficiente para nosotros.
Igualmente problemáticas son las inversiones de miles de millones de dólares en los Estados Unidos, a las que la UE se ha comprometido. Solo la administración Trump quiere determinar sus objetivos y prioridades. Esto también amenaza las malas inversiones perjudiciales para el clima, por ejemplo, en oleoductos, minicentrales nucleares u otras terminales de gas natural licuado.
Defensa de las normas y la soberanía europeas
El acuerdo comercial con Estados Unidos también pone en peligro las normas europeas y el margen de maniobra democrático. Por ejemplo, la UE debería configurar su agenda digital de tal manera que las grandes empresas tecnológicas estadounidenses no estén restringidas. Las regulaciones avanzadas, como la Ley de la Cadena de Suministro, se erosionarán para las corporaciones estadounidenses, se relajarán las normas de seguridad en el sector automotriz y se reducirán las normas alimentarias. La regulación del metano de la UE también está siendo criticada actualmente por el gobierno de los Estados Unidos, ya que puede poner en peligro sus exportaciones de GNL a Europa.
Estos compromisos ejercen una enorme presión sobre las normas medioambientales, de consumo o digitales europeas. Para mantenerla, la UE debe defender su soberanía política.
Defendiendo la democracia
Un problema clave es la falta de legitimidad democrática de las negociaciones en curso. A diferencia de otros acuerdos comerciales, la Comisión Europea no ha recibido un mandato previo del Consejo de la UE para las negociaciones con los Estados Unidos. Ni los objetivos ni los límites ni las directrices sociales y ecológicas se han definido de antemano. Sin embargo, las negociaciones con consecuencias tan trascendentales para el clima, la economía y la sociedad requieren un mandato previo y democráticamente legítimo. El Parlamento Europeo tampoco participó en la negociación del acuerdo comercial entre el presidente de la Comisión, Von der Leyen, y Donald Trump.
Europa no debe ser chantajeada
La fuerza económica y política de Europa se basa en la cooperación, el Estado de Derecho y los procedimientos democráticos. Un acuerdo hecho a través del chantaje socavaría estos principios.
Por eso exigimos:
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- Un mandato democráticamente legítimo para las negociaciones con los Estados Unidos.
- Ningún retroceso fósil en interés de la administración Trump. No hay obligación de importar masivamente gas de fracking u otras fuentes de energía no renovables.
- Protección de las normas europeas en materia de clima, medio ambiente, digitalización y consumo.
- Promover la construcción de una Europa resiliente que configure democráticamente su suministro de energía, sus infraestructuras digitales, su sistema alimentario y su seguridad social.
- Acelerar masivamente la expansión de las energías renovables, promover consistentemente la eficiencia energética, asegurar estándares democráticos y procesos transparentes de toma de decisiones.








