Hasta ahora, las soluciones tecnológicas han sido el principal medio para detener la crisis climática. El objetivo para muchos es continuar con la forma actual de trabajar y vivir con el menor número posible de cambios, un enfoque de «situación sin cambios» que ignora las cuestiones de equidad y justicia. Sin embargo, las consecuencias del calentamiento global y la extracción de recursos se distribuyen de manera desigual en todo el mundo. Además, no hay equidad en términos de cómo los recursos y la energía
son importantes a escala mundial.
En esta publicación, analizamos las consecuencias que la minería y la producción de materias primas de metales tiene en el clima, el medio ambiente y la sociedad. Los metales constituyen la base de la armonía social y de las denominadas «tecnologías verdes». Sin ellos, no habría energía eólica ni plantas solares, ni coches eléctricos, ni transformación digital. Casi todos los estudios de la Agencia Internacional de la Energía, el Banco Mundial, la Comisión de la UE y muchos gobiernos nacionales prevén un aumento significativo de las necesidades de metales.
Pero, ¿son estas necesidades compatibles con los objetivos de protección del medio ambiente y la equidad climática? Y si no lo son, ¿cómo puede tener éxito una transición de materias primas que reduzca el consumo total de materias primas metálicas al tiempo que permite la transición a la era del combustible post-fósil?





